Salgamos del modo consumo y regresemos al modo creación.
En este mundo de interminable scrolling,
de abuso de dopamina digital,
no queda espacio para el silencio.
Tormentas infinitas de información,
respuestas inmediatas y sin esfuerzo,
creaciones que provienen de un éter
al que no sabemos más como acceder
por nuestro propio intento.
No queda espacio ya para el conocimiento propio
ni para la lectura.
En este nuevo mundo dibujado por máquinas de generación espontánea,
lleno de fascinantes réplicas de la realidad,
un mundo en el que hemos masterizado la pregunta
y se nos ha esfumado el espíritu de la respuesta,
no queda más espacio para la curiosidad espiritual,
para la ontología del arte.
Has sido domesticado para minimizar el esfuerzo,
para que sin darte cuenta, un día, por decisión propia
cedas tu derecho a la decisión,
porque te han convencido de que es mejor lo conveniente,
lo inmediato, lo que no incomoda, lo artificial y lo fácil.
Pero lo que se olvidaron de contarte es que la verdadera satisfacción del alma,
reside en el proceso mismo, y no en el resultado.
Nuestra alma se deleita en el proceso.
Solo nuestro ego ignorante se regocija en los frutos y el éxito efímero.
Y por eso tenemos una pandemia de insatisfacción
que nos mantiene en una adicción interminable a las pantallas y la acumulación.
¿Te gustaría salirte de esta “rueda del hamster”?
Herramientas las hay infinitas. La escasez está en el accionar.
En el vasto camino del Yoga, nos encontramos herramientas poderosísimas
que nos permiten resetear el sistema nervioso
para apagar la lucha-huida,
para despertar las consciencias dormidas,
para traer la mente de vuelta al servicio del corazón,
para reprogramar las necesidades sin sentido
que nos mantienen estancados en las dimensiones más densas de la existencia,
envueltos en capas de sufrimiento, anclados en la ignorancia.
Estas técnicas yóguicas requieren un compromiso
largo, sostenido y verdadero,
y pueden llegar a sentirse muy intimidantes
para quienes no han iniciado el camino del auto-conocimiento.
Pero hay 3 gestos muy sencillos que puedes hacer sin mayor resistencia.
1. Tocar un instrumento

Antes de que se diera la gran revolución de las pantallas,
incluso antes de que existiera el lenguaje tal como lo conocemos,
los seres humanos ya hacían música:
Daban golpes en las piedras.
Tensaban cuerdas.
Cantaban alrededor del fuego.
La música nunca tuvo por objetivo el entretenimiento (hasta ahora).
Siempre fue una forma de ritual,
que de paso generaba regulación del sistema nervioso
y facilitaba la comunión con algo mayor.
Hoy en día hemos sido entrenado para consumir música
como si fuese un producto del super mercado,
y así hemos olvidad el poder que se libera cuando la producimos.
Al tocar un instrumento sucede algo maravilloso en el cerebro,
distintas regiones comienzan a sincronizarse:
- las áreas auditivas que perciben el sonido
- las áreas motoras que producen el movimiento
- las redes emocionales y de memoria
De esta forma, las ondas cerebrales se coordinan en patrones rítmicos.
Por eso tocar música tiene efectos medibles:
- fortalece la conexión entre oído, cuerpo y atención
- estimula la neuroplasticidad
- mejora la regulación emocional
- entrena al cerebro en presencia temporal, (algo cada vez más raro en la era del scroll infinito).
Pero hay otro aspecto interesante del sonido que pocas veces se menciona.
Durante siglos, muchos instrumentos fueron afinados con la nota La en 432 Hz,
una referencia más cercana a proporciones naturales
presentes en vibraciones del cuerpo y en fenómenos acústicos de la naturaleza.
Sin embargo, en 1939, un estudio demostró que con ciertas frecuencias
era posible programar a las masas para la guerra,
así, bajo el argumento de ser más fácil de afinar,
una organización con mucho poder estandarizó internacionalmente
la nota La en 440 Hz, una frecuencia muy disruptiva.
Muchos músicos y terapeutas del sonido han vuelto a explorar la afinación en 432 Hz,
pero la mayor parte de la música que escuchamos está grabada en 440 Hz.
Así que si quieres que el efecto de tocar un instrumento sea aún más potente,
asegúrate de afinarlo en 432 Hz.
La música tiene una gran influencia en nuestro sistema nervioso.
Y en un mundo donde gran parte del sonido que consumimos
está diseñado para capturar atención, generar estímulo constante y mantenernos excitados,
recuperar el acto simple de tocar un instrumento con nuestras propias manos,
representa el recuperar un poder profundamente transformador.
No hay algoritmo ni inteligencia artificial que pueda replicar lo que sucede cuando tocas un instrumento:
Regresas a ser parte del ritmo de la vida,
y construyes los fundamentos para que algún día
puedas detener la rueda del hámster.
2. Siembra una planta

No importa si tienes un patio del tamaño de un campo de fútbol,
o un apartamento tipo estudio donde no hay ni un pedacito de tierra.
La realidad es que puedes plantar en macetas, canteros, o en grandes cajones.
Sin importar a cuál tienes acceso,
lo esencial es que pongas tus manos en la tierra y recibas el Sol.
El sistema que delinea las creencias que regulan nuestra vida,
nos ha enseñado a temerle a la tierra y al Sol.
Cuando lo piensas profundamente entiendes la dimensión de lo absurdo,
el nivel de ironía de ese temor,
que deviene en la inevitable separación del ser humano y la naturaleza,
lo que a su vez resulta en una consecuencia aún más crítica:
la separación del humano y la espiritualidad.
Desconectarse de la tierra y del Sol tiene un significado aún más profundo
cuya esencia está contenida en estas preguntas:
¿Qué pasa con los seres humanos que han olvidado de donde provienen,
de qué están hechos y su conexión con Dios o con la totalidad?
Se convierten en seres humanos fáciles de controlar, de manipular.
Así que estoy aquí para recordarte que la tierra no es sucia ni peligrosa,
y los alimentos que de ella crecen, tampoco son peligrosos ni de tercer rango,
al contrario, son los que contienen los nutrientes más vivos, la frecuencia más alta.
De la misma forma, el Sol que te dijeron que te puede enfermar,
es la fuente misma de la vida.
Talvez te preocupa que el Sol cause cancer de piel,
si es así, déjame contarte algo.
Por milenios el ser humano recibió Sol como parte esencial de su supervivencia,
para cargar las baterías de sus células
e iniciar procesos importantísimos de síntesis en el cuerpo.
El cáncer de piel no inició con el sol,
inició con la invención del Bloqueador Solar
y la bomba de químicos contenidos en cada botellita de filtro solar.
Y si no me crees, investiga.
Y hay algo todavía más esencial ocurriendo cuando pones tus manos en la tierra y permites que el Sol toque tu piel.
La tierra y la luz solar interactúan con nuestro cuerpo a un nivel eléctrico muy sutil.
El contacto con la tierra y con entornos naturales ricos en iones negativos
ayuda a equilibrar la carga eléctrica del cuerpo
(algo que nuestro sistema nervioso y nuestras células reconocen inmediatamente).
De la misma forma, la exposición consciente al Sol
activa procesos biológicos fundamentales que ocurren dentro de nuestras células.
Las mitocondrias, pequeñas centrales energéticas que viven dentro de cada célula,
utilizan la luz natural como parte de los procesos que regulan
la producción de energía, el metabolismo y la reparación celular.
En otras palabras, cuando te conectas con la tierra y recibes el Sol,
no solo estás tocando la naturaleza externa,
estás recargando literalmente la batería de tu propio cuerpo.
Y en ese proceso, tus células se reorganizan.
Tu respiración se calma.
Tu cuerpo recuerda que pertenece a un sistema vivo mucho más grande que cualquier sistema virtual.
Cuando siembras, aunque sea una pequeña maceta en la ventana, dejas de estar separado de la vida.
Vuelves a ser un participante activo de la sinfonía biológico de la Tierra.
3. Lee un libro

Sé que se puede aprender mucho en redes sociales y aplicaciones.
Pero la mayor parte del contenido en redes es generado por una inteligencia que no es humana,
creado para alimentar algoritmos y rangos cortos de atención.
Te saturan de información y te dejan sin experiencia.
Allí es donde un libro marca la diferencia.
Un libro te permite escuchar el susurro de otra mente humana,
viajar a través de su lente, de su experiencia,
de su mundo íntimo y creativo,
experimentar su propio ritmo,
y ver el mundo desde un lugar único y muy distinto al tuyo.
Pero hay algo más que sucede en el cerebro cuando lees un libro que casi nunca se menciona.
La lectura profunda activa una red neuronal muy particular
llamada red de modo por defecto (Default Mode Network),
un sistema del cerebro asociado con la introspección,
la imaginación, la memoria autobiográfica y la construcción de significado.
Esta red fue descrita inicialmente por el neurocientífico Marcus Raichle y su equipo en el 2001,
quienes observaron que ciertas regiones del cerebro se activan
precisamente cuando la mente entra en estados de reflexión interna.
A diferencia del consumo fragmentado de información en pantallas,
leer obliga al cerebro a sostener atención durante períodos prolongados,
a construir imágenes internas,
a conectar ideas
y a generar experiencias que no están siendo entregadas ya procesadas.
En otras palabras, cuando lees un libro no estásconsumiendo información:
estás co-creando una experiencia dentro de tu propio cerebro.
Desde la neurociencia se sabe que este tipo de lectura
fortalece circuitos relacionados con empatía, memoria profunda, pensamiento crítico y regulación emocional.
Varios investigadores han advertido además que
el tipo de lectura que predomina en entornos digitales
está modificando profundamente la forma en que nuestro cerebro procesa la información.
La neurocientífica Maryanne Wolf, especialista en el desarrollo del cerebro lector en UCLA,
explica que la lectura profunda es una habilidad
que el cerebro humano tuvo que aprender a construir a lo largo de la historia.
Wolf advierte que los entornos digitales
tienden a favorecer un modo de lectura rápido, fragmentado y superficial,
lo que puede debilitar los circuitos cerebrales
responsables de la contemplación, el pensamiento crítico y la empatía.
De forma similar, el neurocientífico cognitivo Stanislas Dehaene, autor de Reading in the Brain,
ha demostrado que aprender a leer reorganiza literalmente el cerebro humano.
La lectura crea nuevas conexiones entre las áreas visuales,
lingüísticas y de memoria,
formando lo que él llama una red neuronal de la lectura,
una arquitectura cerebral que permite
transformar símbolos en significado, imaginación y conocimiento.
Por eso, cuando abres un libro y lees con atención sostenida, no solo estás aprendiendo algo nuevo.
Estás entrenando uno de los circuitos cognitivos más sofisticados que posee el cerebro humano.
Por eso un libro tiene un poder que ningún feed infinito puede replicar.
¿Te has preguntado porqué te cuesta tanto sentarte a meditar?
¿Porqué tu mente parece no tener un pedal para desacelerar?
Es porque la sigues alimentando con las fuerzas que la mantienen sin capacidad alguna de concentración,
de imaginación, pensamiento crítico o aún más, de presencia.
La lectura lenta y consciente obliga a la mente
a salir del ritmo artificial del algoritmo y regresar al ritmo orgánico de la contemplación.
Y cuando eso ocurre, aunque sea por unos minutos,
algo muy similar a lo que ocurre cuando haces música o cuando siembras una planta empieza a suceder:
La mente se aquieta. Silencio
La atención se profundiza. Presencia
La vida vuelve a ser humana, experiencial y real.
No es suficiente hacer 60 minutos de posturas de yoga en una esterilla para regresar a la naturaleza de tu mente.
Hemos llegado a un punto crítico en el que la información, los estímulos y los recursos
con los que nuestra mente es constantemente manipulada, se han salido de control.
Regresar a nuestra esencia requiere más trabajo.
Esta es mi propuesta: Salgamos del modo consumo y regresemos al modo creación.
Toca un instrumento.
Siembra una planta.
Lee un libro.
Tres gestos simples que te devuelven al ritmo humano.
Porque la vida no se comprende haciendo scrolling en una pantalla por horas. La vida se comprende viviéndola.
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Invitación Especial!
Si quieres cultivar el hábito de la lectura, me encantaría que lo hagamos juntos. Es sumamente nutritivo leer en comunidad, además de los beneficios cognitivos mencionados anteriormente.
La invitación es a una lectura lenta y consciente, curiosa y presente.
Estamos leyendo un libro llamado “A Brief History of Yoga” de Ramesh Bjonnes, que expone al Yoga como un camino con raíces más ancladas en el Tantra que en las raíces védicas del discurso académico más aceptado y difundido.
Estamos reiniciando la lectura desde cero, para darle la bienvenida a otros lectores que quieran incorporarse.
Si quieres unirte, solo tienes que ser parte de Sacred Kula (únete aquí).
Una vez que te suscribes, obtienes acceso a la comunidad virtual. Allí, buscas el círculo: Vidya Book Club y encontrarás los pasos para unirte y participar.

Cierro este newsletter compartiéndote algunas de las citas textuales que me han impactado más hasta ahora en la lectura del libro y que representan en gran parte la propuesta del mismo:
“(Sobre el Valle del Indus) Esta sofisticada, cultura urbana, donde las prácticas yóguicas ya se habían desarrollado, fue pretendidamente destruida por los invasores Arios Védicos alrededor de 2000 A.C. (…) Investigaciones recientes, sin embargo, combinando genética con arqueología y lingüística, así como las crónicas de los Puranas y las enseñanzas orales de los maestros tántricos, han cambiado la línea de tiempo de la migración Védica Aria a India ,a un tiempo aún más remoto, al menos 5000 años A.C.
(…) Como estos textos fueron Védicos y no Tántricos, la mención de dichas prácticas, como en el Atharva Veda, incluyendo la práctica de la “meditación visionaria”, pranayama y un largo himno del Rig Veda a un sabio de largos cabellos (posiblemente referido a Shiva), solo subraya la influencia significativa que el Shaiva Tantra tuvo en estos textos en particular y en los Arios Védicos en general, inclusive en una etapa tan temprana de la historia. Más importante aún, la ausencia de evidencia textual es debido a la mismísima tradición tántrica de gurú-estudiante, la cual fue, y es aún, ampliamente una tradición secreta y oral. Las enseñanzas fueron transmitidas y recordadas en forma de sutras (cantos metafóricos y filosóficos), mantras (conjuros) y yantras (símbolos).”
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Información, prácticas y noticias especiales para la comunidad de Sacred Kula, por Sacred Self
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